Hay épocas en las que parece que los días tienen menos horas de las que deberían. El trabajo se acumula, los planes cambian sobre la marcha, las ideas aparecen cuando menos te lo esperas y acabas apuntando cosas en cualquier sitio: una nota del móvil, un papel suelto o un mensaje que te envías a ti mismo para no olvidarte.
A mí también me pasa.
Durante mucho tiempo pensé que organizarse consistía en llenar una agenda de tareas y horarios. Con el tiempo he descubierto que es justo lo contrario. Para mí, organizarme significa tener claro qué quiero hacer esa semana y dejar espacio para lo inesperado. Porque siempre surge un café improvisado, una llamada, una idea nueva o simplemente un día en el que apetece bajar el ritmo.
Por eso sigo prefiriendo una agenda en papel. Hay algo diferente en sentarte unos minutos el domingo, abrir una página en blanco y escribir los planes de la semana. No es solo una cuestión práctica. También es una forma de ordenar la cabeza.
En Amarga Vintage siempre intentamos traer objetos que tengan sentido con nuestra forma de entender las cosas. Productos que sean bonitos, sí, pero también útiles y pensados para durar. Por eso este año hemos decidido incorporar una colección de agendas que nos encantan. Son de esas que invitan a escribir, a planificar con calma y a volver a disfrutar del papel en un momento en el que casi todo ocurre detrás de una pantalla.
No creemos en la productividad perfecta ni en aprovechar cada minuto del día. Creemos más en encontrar un ritmo que funcione para cada uno. Si una agenda consigue ayudarte a recordar menos cosas porque ya están escritas, a organizar mejor tu tiempo o simplemente a empezar la semana con un poco más de claridad, ya habrá cumplido su función.
Dentro de muy poco estarán disponibles en la tienda y estamos deseando enseñároslas. Porque, aunque ninguna agenda puede hacer que el día tenga más horas, sí puede ayudarte a aprovechar mejor las que ya tienes.